Saturday, December 08, 2012

Poderes del Estado


Artículo publicado en la edición Diciembre 2012 de la revista Player's of Life



Las formas de gobierno que hemos diseñado no son, en ningún caso, permanentes. Su Institucionalidad no impica su inamovilidad. El estado es asi, escencialmente dinámico, y se debe adaptar constantemente a los requerimientos que exigen las circunstancias de cada época.
 - Gemi José González

Se rumora que en Marzo de 1976 el entonces Presidente de Francia, Valéry Giscard, hizo una llamada telefónica al entonces presidente de los Estados Unidos, Gerald Ford. La razón de esta llamada fue por que el Port Authority of New York and New Jersey, una agencia local, decidido negarle al avión supersónico Concord permiso para aterrizar en los aeropuertos de la zona metropolitana gracias a quejas vecinales debidas al exceso de ruido que esta aeronave causaba. Valéry buscaba que Gerald Ford diera la  orden de permitir que el Concord usara esos aeropuertos. Ford le explico al presidente Giscard que esa no era área de su competencia o jurisdicción, y lo remitió, diplomáticamente, a la agencia local. Después de 9 meses de cabildeo local el 22 de Noviembre de 1976 British Airways y Air France volvieron a ofrecer vuelos supersónicos a Nueva York.

Durante esa misma época, en México, el presidente Echeverría ordeno la impresión de dinero para financiar su déficit fiscal sin ningún contrapeso, de la noche a la mañana, el peso se devaluó 64% (de $12.50 a $20.50 frene al dólar). 

La transición Mexicana del presidencialismo autoritario a nuestra actual democracia ha sido una epopeya. Desde los años 50 se alzaban voces críticas al sistema político. Una de las más agudas fue la de José Revueltas que desde su escrito México: Una Democracia Bárbara denunciaba, en una época de crecimiento, los abusos del futuro. En el 68 se desencadeno el reclamo generalizado al autoritarismo, este movimiento, junto con las crisis económicas que estaban por llegar ejercieron la presión suficiente para  la reforma política de 1977;  la cual buscaba legitimar el actual gobierno (que no tuvo oposición oficial en la elección) a través de una apertura importante a la oposición política en el país. El artífice de esta reforma fue el político – intelectual y entonces Secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles. 

Gracias al legado intelectual de Reyes Heroles, quien decía que la política contemporánea esta sustentada en la continuidad de ideas e instituciones (y no  en la  ruptura) se pudo, junto con la coyuntura de las elecciones tan cuestionadas de 1988, lograr la fundación del Instituto Federal Electoral (IFE)  en  1990 y la reforma que dotara este de autonomía en 1996.

En 1997, y por primera vez en la historia, el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y Cuauhtémoc Cárdenas (PRD)  gano la recién instaurada Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Esta elección marcó el comienzo del fin del presidencialismo Mexicano y de las atribuciones meta- constitucionales que se le adjudicaban al puesto. El final definitivo, fue el 2 de Julio del 2000 cuando Vicente Fox (PAN), “sacó al PRI de Los Pinos” después de 70 años.

La llegada de Vicente Fox a la Presidencia de la República tuve repercusiones democratizadoras y descentralizadores que aun hoy en día tienen a las instituciones del país (construidas  bajo un régimen centralista) en una etapa de transformación, consolidación y asentamiento. Estas afectaciones suceden de manera horizontal,   en cuanto a la relación de los poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y de manera vertical en cuanto a la relación entre los distintos niveles de gobierno (Federal, Estatal,  Municipal). Es de notarse que la actual crisis de seguridad, acentúa, evidencia y desnuda  las carencias de nuestras instituciones.

En cuanto a la relación de los poderes del Estado, ha sido notoria la dependencia al antiguo sistema presidencial para articular los roles de cada poder, ya que poco se ha podido avanzar en materia de reformas (política, judicial, energética, fisca, etc…) o de la implementación de estas (juicios orales) sin aquel todo poderoso jefe de estado que daba línea y celeridad a estos procesos. Varias propuestas se han hecho para mitigar esta falta de fuerza institucional (re elección de legisladores, segundas vueltas electorales, eliminación de diputados y senadores plurinominales, etc…) y promover la formación de un gobierno eficaz, sin embargo, irónicamente gracias a esta falta de fuerza, ninguna ha fructificado.

Otra repercusión a esta falta de convivencia entre los poderes es un cerrazón ante la crítica de sus pares. Esto se manifiesta en un poder judicial reticente a admitir señalamientos del poder ejecutivo que algunos (¿muchos?) de sus jueces están comprometidos por intereses externos (crimen, empresas, etc.), un congreso que continuamente pone excusas para no legislar dado que los “momentos políticos” no son los adecuados, y un poder ejecutivo que no valora, o desconoce la noción de la negociación política y construcción de mayorías que rebasen el partido gobernante.

Con todo y esto, no hay que perder de vista que en la actualidad tenemos una balanza de poderes muy real, que le ha brindado una estabilidad macro económica y social importante al país, así como un importante reconocimiento internacional.

En cuanto a la relación vertical entre distintos niveles de gobierno, los resultados han sido diversos. Algunos estados y municipios han aprovechado la soltura de rienda para innovar y otros han utilizado esta holgura y falta de supervisión para fomentar la corrupción y mal gobierno.

Tristemente, un síntoma casi generalizado, ha sido el incremento en la deuda de las entidades federativas (Moreira, Godoy, Sabines) y de los municipios. Esto se debe a una falta de reglamentación en la contratación de deudas así como a la falta de empoderamiento de los gobiernos locales y estatales para generar recursos propios. Esto también, una herencia del presidencialismo en donde los gobernadores, como virreyes, solo necesitaban ganarse el afecto de su presidente y extender la mano.

Todo este dilema institucional y de poderes, se resuelve y explica nítidamente en la anécdota introductoria. La acción del Presidente Ford demostró 1) una clara división de poderes y aceptación de roles y 2) una respeto al marco jurídico del cual esos poderes emanan. Yo creo que el siguiente gobierno tendrá la enorme tarea de aterrizar este proceso de democratización de México  en el terreno institucional. Si bien, ya es respetado el voto ciudadano, habría que generar, transformar o reformar las instituciones existentes para que puedan operar en este régimen democrático.



Bien lo dice José Woldenberg “la democracia es una fórmula de gobierno que porta sus propios problemas y que además se reproduce  - o no – en un ambiente determinado que tiende a consolidarla o erosionarla” es  nuestro deber como sociedad civil abonar el terreno para consolidarla, premiar a aquellos que asi lo hagan y repudiar a los que quisieran acabar con ella. Asi, quizas un dia en un futuro, no muy lejano algún presidente de México referirá a un jefe de estado extranjero a platicar de su problema con la insiticuión responsable, sin saltarse a los ciudadanos.